Cambios en la natalidad mundial y perspectivas para México

2026-09-25 15:09:29 - MUNDO

Durante buena parte del siglo XX, la preocupación demográfica de México y de casi todo el mundo era el exceso de nacimientos y el consecuente temor de que la población creciera más rápido de lo que la economía pudiera sostener.

Actualmente, esta preocupación se ha invertido en varias regiones del mundo. En prácticamente todos los países de alto ingreso, la fecundidad ha caído por debajo del nivel técnico necesario para reemplazar a la población (2.1). E incluso en México (una de las principales economías emergentes), esta semana el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) confirmó que el país ya se encuentra en la misma tendencia demográfica.

El fenómeno es tan generalizado que no es comprendido a cabalidad por los especialistas, dado que no se trata de un país o una región, sino de sistemas sociales y políticos muy distintos que enfrentan el mismo fenómeno.

Precisamente, a tratar de responder a este fenómeno, se dedica el estudio "Why Is Fertility So Low in High-Income Countries?", de Melissa Kearney y Phillip Levine, en el Journal of Economic Literature. Ahí se documenta que la tasa global de fecundidad se ubica hoy por debajo del reemplazo en casi todos los países de la OCDE y que, en varios países como Japón, Italia, Grecia y Canadá, el dato es inferior a 1.5; mientras que en Corea del Sur, Singapur y China el indicador está por debajo de 1 y en Estados Unidos fue de 1.62 en 2023.

El planteamiento del estudio de Kearney y Levine es que esta caída no responde tanto a los costos del momento ni a políticas puntuales, sino a algo más complejo: la "despriorización" de la maternidad y la paternidad como elementos centrales en la vida de las personas. Se trata de un cambio de prioridades en el que las nuevas generaciones distribuyen su tiempo, su dinero y su energía de manera distinta, influenciadas por normas que han cambiado en torno al trabajo, los roles de género, la crianza y el ocio, así como por un abanico mucho más amplio de opciones de consumo y estilos de vida.

No es que la gente rechace explícitamente tener hijos; es que la paternidad y la maternidad dejaron de ocupar el lugar central que antes tenían. Sobre el modelo económico clásico de Gary Becker (Premio Nobel de Economía), que plantea analizar la decisión de tener hijos con las mismas herramientas con que la economía estudia cualquier otra elección, siendo una de sus ideas centrales, el intercambio entre cantidad y calidad. A este proceso, los autores añaden también el peso de las normas sociales que se transmiten de una generación a la siguiente.

El artículo tiene implicaciones relevantes de política pública, contrarias a la intuición de muchos gobiernos: no existe una palanca única que eleve la fecundidad de manera confiable, y menos aún en el corto plazo. Los apoyos monetarios modestos y los incentivos incrementales (como los bonos por nacimiento en algunos países europeos) no cambian la decisión de tener hijos, porque esa decisión se forma temprano en la vida y responde a expectativas de largo plazo.

En el caso de México, de acuerdo con el INEGI, en 2023 la tasa global de fecundidad fue de 1.60 hijos por mujer, la más baja de nuestra historia, después de 2.07 en 2018 y de alrededor de 2.4 en 2014. Ya estamos por debajo del nivel de reemplazo (2.1), lo que implica que, antes de lo previsto, la población del país comenzará a disminuir.

La Ciudad de México registra apenas 0.96 hijos por mujer, un dato comparable al de las sociedades más envejecidas del mundo, y solo cuatro entidades federativas permanecen por encima del reemplazo. En medio siglo pasamos de más de seis hijos por mujer a menos de dos: una de las transiciones más rápidas de las que se tiene registro.

Como resultado de lo anterior, entre 2018 y 2023, la proporción de personas de 60 años y más aumentó de 12.3% a 14.7% de la población, mientras que la de menores de 15 años bajó de 25.3% a 22.7%. El llamado bono demográfico (etapa en la que la mayoría está en edad de trabajar y que debería haber impulsado el crecimiento económico) se está cerrando. Las presiones más evidentes se observan en los sistemas de pensiones, en el mayor gasto en salud y en un mercado laboral que envejece, con un efecto sobre la productividad.

Y aquí identificamos una diferencia fundamental entre México y los países que analiza el estudio: esas sociedades envejecen después de haberse enriquecido; México corre el riesgo de envejecer antes, con una baja cobertura de pensiones y una informalidad que afecta a la mitad de los ocupados.

Si la baja fecundidad obedece a un cambio de fondo en la forma en que la gente organiza su vida, sería ingenuo esperar que un bono revierta la tendencia; la evidencia internacional sugiere que no funcionará. Lo sensato no es empeñarse en forzar más nacimientos, sino prepararnos para la sociedad que ya somos: fortalecer las pensiones y su cobertura, elevar la productividad y el capital humano para compensar con calidad lo que perderemos en cantidad de trabajadores, así como remover los obstáculos que hoy impiden tener hijos a muchas personas (como los cuidados infantiles, la vivienda, la corresponsabilidad en el hogar) que sí desean, pero postergan de manera indefinida.

México dedicó décadas a enfrentar el reto de una población joven y en expansión; en las próximas décadas tendrá que enfrentar justamente lo contrario. Aceptar que el descenso de la natalidad ya es una realidad es el primer paso necesario para prepararnos con tiempo. Porque nuestro país será, inevitablemente, más viejo y pequeño y la diferencia entre enfrentarlo con orden o con improvisación requiere decisiones en el presente.

Fuente: google.com
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